En Brasil como en Roma: ¡CORPUS como Dios manda!
viernes, 30 de mayo de 2008
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Etiquetas: Corpus Christi IBP Brasil
viernes, 23 de mayo de 2008
mayo 21, 2008
El Papa alienta a los obispos a acoger a los movimientos sin prejuicios
Audiencia a prelados que han participado en un encuentro sobre nuevas realidades eclesiales
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 20 mayo 2008.-
Los carismas de los movimientos y de las nuevas comunidades deben ser acogidos por
Fue la consigna que dejó este sábado a los 150 obispos del mundo que participaron en un seminario organizado por el Consejo Pontificio para los Laicos, que se desar
rolló en Rocca di Papa (Roma) del 15 al 17 de mayo sobre los nuevos movimientos y comunidades eclesiales.
El seminario constituye una continuación
En su discurso a los prelados, el obispo de Roma subrayó los diferentes dones con los que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades han enriquecido a
«Salir al encuentro con mucho amor de los movimientos y de las nuevas comunidades --explicó--nos lleva a conocer adecuadamente su realidad, sin impresiones superficiales o juicios reductivos. Nos ayuda también a comprender que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades no son un problema o un riesgo más que se añade a nuestras ya pesadas responsabilidades».
«¡No! --dijo categóricamente el Papa--. Son un don del Señor, una preciosa respuesta para enriquecer con sus carismas a toda la comunidad cristiana. Por este motivo, no debe faltar una confiada acogida que les dé espacios y valore sus contribuciones a la vida de las Iglesias locales».
El Santo Padre reconoció que «dificultades e incomprensiones sobre cuestiones particulares no justifican la cerrazón». En este sentido, las últimas décadas, aseguró, han permitido superar «muchos prejuicios, resistencias, tensiones».
Ahora, aclaró, se presenta «el importante desafío de promover una comunión cada vez más madura de todos los componentes eclesiales para que todos los carismas, respetando su carácter específico, puedan contribuir plena y libremente a la edificación
Para ello, el Papa indicó que hay que adoptar como camino el «diálogo» y la «colaboración», la «prudencia» y la «paciencia», siempre con «mucho amor», especialmente cuando sea necesaria la corrección.
Por otra parte, constató, «la autenticidad de los nuevos carismas está garantizada por su disponibilidad para someterse al discernimiento de las autoridad eclesiásticas».
En este contexto, señaló que el obispo «debe examinar los carismas y probarlos, para reconocer y valorizar lo que es bueno, verdadero y hermoso, lo que contribuye al incremento de la santidad de las personas y de las comunidades».
«Quien está llamado a un servicio de discernimiento y de guía --concluyó--, no puede controlar los carismas, sino más bien tiene que evitar el peligro de sofocarlos, resistiendo a la tentación de uniformar lo que el Espíritu Santo ha querido multiforme para la edificación y la expansión del único Cuerpo de Cristo, que el mismo Espíritu hace firme en la unidad». «con mucho amor» y sin «juicios superficiales o reductivos», considera Benedicto XVI.
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Dios es… ¡Dios!
lunes, 5 de mayo de 2008
sábado 3 de mayo de 2008, por El secretario
Reverendo Padre,
¿La joven mujer que perdió la vida intentando salvar a su hijo de tres años es en verdad su sobrina? Ambos fallecieron en las llamas o en la humareda. En caso afirmativo, con su Fe a toda prueba, ¿qué piensa de los juicios de Dios?
Bien respetuosamente.
Cecilia P. (Vannes)
mujer de 31 años, dulce, inteligente, alegre e incluso feliz, porque acababa de enterarse de que estaba grávida de su segundo (que tardó bien pero que está allí, en sus entrañas, a fuerza de oraciones y novenas)… guarda tranquilamente su casa en el primer piso, después del desayuno tomado con su marido que acaba de partir al trabajo. ¡Ignora que en el segundo piso su casa se está incendiando! Un hombre toca a la puerta, un paisajista, que le advierte: se está quemado arriba. Desesperada, grita:
¡mi pequeño está arriba! Se lanza, furiosamente, a salvar al pequeño, mientras que el paisajista corre a avisar a los bomberos. Ella no volverá a bajar: se los encontrará ambos en el segundo piso, en sus brazos él, asfixiados. ¿Se habrá refugiado allí arriba el pequeño para evitar las llamas? ¿Ella habrá presumido de sus fuerzas? ¿Pero puede faltarle fuerza y circunspección a una mujer que quiere salvar a su hijo? El misterio queda entero y los humos van a dar razón del descuido del pequeño como del heroísmo de su madre. Pero una cosa es definitivamente cierta: esta joven mujer perdió la vida salvando la de su pequeño, sin contar, sin tergiversar, sin calcular…Queda un marido que perdió todo: su deliciosa mujer, un querubín de cuatro años, más de angélico que terrestre, y la promesa abortada de colmar de nuevo a esta mujer que hace su alegría. Una madre afectuosa, mi hermana Brigitte, y orgullosa con eso, especialmente de su primogénita que, mezcla sutil de razón y ternura, representa la sabiduría y la referencia de los otros ocho. Padres consternados que ven, en un abrir y cerrar de ojos, pasar sus hijos, trabajadores, eficaces, merecedores, felicidad al horror.
Bien puedo asegurarles mis oraciones, es verdad. Puedo contarles mi emoción y pueden creerla, aunque me no gustan a los hombres que lloran. Puedo, y lo hice como se debe, celebrar el sacrificio del Cristo por todos ellos… Esperan también de mi, sacerdote de Jesucristo para siempre que les de las razones, los porqués, los comos.
Les reconozco mi ingenuidad de esta tarde: releí las tres resurrecciones de Nuestro Señor narradas en los Evangelios: ¿cómo hace, El, en similares circunstancias? Muy rápido debí abandonar esta pista: “Yo soy la resurrección y la vida…” Este Jesús, siempre seguro de su acto (“sé que me escucháis siempre”) sabe pues perfectamente que va a resucitar a Lázaro dentro de dos minutos y en dos palabras, no está menos emocionado hasta las lágrimas. No llora, por favor; se perturba en su espíritu (infremuit spiritu) y sus ojos se llenan de lágrimas (lacrimatus est) lo que no es la misma cosa. ¿Pero cómo reproducir esta mezcla tan sorprendente de soberana seguridad y exquisita delicadeza? Se puede ser sublime (sub limen) pero no se podría alcanzar y superar este límite máximo donde, sólo Jesucristo, evoluciona naturalmente…
El pensamiento mismo de discutir con Dios, de pedirle cuentas o de citarlo a comparecer y dar razón de sus decisiones, es de tal manera extraño a la educación recibida entre los Laguérie que no me pasó por el espíritu. Esta odiosa costumbre entre nuestros contemporáneos de sólo acordarse de Dios para abrumarlo de reproches mientras que lo desprecian en el día a día, sólo me inspira piedad y aversión. Estoy con Dios, ayer, hoy y por siempre y hago mías las palabras de Teresita: “aunque Dios me matara, no dejaría de esperar en El”. En cuanto a los espíritus pequeños que intentarían esta blasfemia, tengo a su disposición un arsenal impresionante de las frases más fuertes de la Escritura. Job comprendió muy rápidamente, que, a ese jueguito, reconoce que Dios no le deja el tiempo de pasar su saliva: “Dónde estabas tu cuando colocaba los fundamentos de la tierra y que intimaba al océano: aquí se romperá el orgullo de tus olas”. Pero sobre todo: ¡“O profundidad inagotable de la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Que sus juicios son insondables e impenetrables sus vías! Quién conoció el pensamiento del Señor; ¿quién nunca ha sido su consejero? ¿O, que le dio a El primero para ser pagado en recompensa? ” San Pablo, por supuesto, (Rom 11, 33) citando a Isaías y a Job. Es casi íntegramente que habría que citar también el primer capítulo de la primera a los Corintios: “¿dónde está el sabio? ¿Dónde el doctor? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿Dios no convenció de locura la sabiduría de este mundo? … »
Ahora ¿Por qué Hélène? ¿Por qué Ferdinand? ¿Por qué tan jóvenes y tan hermosos, en lo físico y mucho más aún en lo moral? Desde cuando se renunció, por la Fe y en ella, a contestar la sabiduría de la Providencia de Dios y se comprendió que Ella dispone todo con suavidad, se ve más claro. ¿De todos nosotros, en verdad, quién era el que mejor estaba dispuesto a comparecer ante Dios y entrar en la vida eterna? ¿Los jóvenes, aún no hechos? ¿Los otros, a mitad deshechos? ¿Los viejos, que sólo deben serlo a la misericordia y la paciencia de Dios? Hélène tenía sobre todos nosotros esta prerrogativa que nadie le contestará: muy joven había alcanzado una madurez y una plenitud en la Fe y la Caridad. Verdadera hija primogénita de su numerosa familia, en el sentido que empleábamos esta expresión para designar a Francia en el seno de la iglesia, personificaba una sabiduría, una referencia que se plantea y se impone en la dulzura…, cuando pequeña me divertía en llamarla Aristóteles. Su piedad hacia la cruz y el vía crucis, tal como ocurre con su patrona, la madre de Constantino, la había ya sustraído a los halagos de este mundo. Llena de vida y de sonrisa, sin embargo, no tenía en absoluto un pie en la tumba; ¡pero ya tenía uno en el cielo y qué divina lógica que de reunirlos más bien del buen lado! tanto más que este último paso es un paso de gigante, el de la generosidad maternal, instintiva, sin duda, pero perfectamente asumida y consentida. Seguramente habrá percibido el espesor desesperante de la humareda: que importa, no dejará solo el fruto de sus entrañas y su suerte será común. Se va en el ejemplo de una vida dada, ofrecida, para la única oveja de su pequeño redil, que ella mantiene aún y siempre cuando llegan juntos a las praderas eternas…

Es decirte, querida Hélenita, que estoy muy orgulloso ti. Te abrazo muy fuerte y te bendigo aún más fuerte.
P.S. Los funerales de Hélène y Ferdinand tendrán lugar el lunes 5 de mayo a las 10h30 en la iglesia San Clemente de Nantes y se enterrarán en el cementerio de Solignac en Haute-Vienne (87).
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Editorial de "Mascaret": El peso de las palabras o la violencia del verbo
sábado, 3 de mayo de 2008
Viernes 18 de abril de 2008, por El secretario
La riqueza particular de nuestra liturgia de Cuaresma nos trabaja, nos sacude y… nos interpela. Tengo horror de esta última palabra pero la empleo intencionalmente como una de esas innumerables deformaciones del vocabulario que, tengamos cuidado, atacan lenta y seguramente el pensamiento. No tengo encargo de nadie de mantener la lengua francesa en buen estado de marcha aunque me esfuerzo por mi gusto personal y quizá también por respeto de los que me hacen la indulgencia de entenderme, a falta de escucharme…
Pero cuando esta deformación alcanza la palabra de Dios, escrita o transmitida, me parece evidente que se trata entonces de una cuestión de fidelidad a la Fe misma. Por consiguiente, la verborrea que sustituye y desnaturaliza la potencia del enunciado destruye del mismo golpe el mensaje del Espíritu Santo y envenena el pan diario del cual el hombre debe vivir: la palabra de Dios. Y como casi no se encuentran más predicadores suficientemente alimentados (amasados, más bien) del fraseado de la Escritura para restituir, a la oral, la violencia escrita, el cristiano que quiere conservar en su tenor y su sabor el Verbo de Dios está condenado a agarrarse de la Escritura Santa para no pensar que Dios haya perdido su tiempo contándonos sandeces. Aún es necesario que tenga una buena versión y que sepa leer este altercado apasionado de Dios con los hombres, en la violencia de sus colores. Es otra cuestión…
No hay allí una actitud protestante sino una necesidad católica de supervivencia espiritual. Por lo demás, a parte de ciertos grandes exegetas protestantes cuya ciencia los hace un tanto prudentes y que aman de verdad la Escritura, la ausencia del Magisterio romano en exégesis hace a la mayoría dispersarse en las ciénagas del subjetivismo más abstruso. Basta con haber discutido un día con evangelistas o testigos de Jehová para convencerse de esto. Si caen sobre un verdadero experto de la Escritura, crujen los dientes en menos de diez minutos. Se aprende también ahí en poco tiempo que el Verbo no es Dios, que la vida eterna no existe (si no un paraíso terrestre bucólico-socializante sobre un fondo de caja de camembert digno de los más malos de las publicidades), que de María de Nazaret no es más Virgen que eso (para qué bien sería haber dado al mundo un hijo de hombre como todos los otros…) etc. y regresamos a las sandeces anteriores de un Espíritu que no planea de ningún modo sobre las aguas vivas, sino por supuesto sobre ciénagas apestosas.
Sólo la Santa Escritura conserva un fraseado divino que la lengua de los hombres perdió. Y si los hombres reencuentran un día esta vena casi milagrosa, lo deberán al Espíritu Santo que, no pudiendo inventar nuevas verdades, fecundará la lectura de la Escritura. Es necesario que nos pongamos de nuevo a hablar como la Escritura, por el espíritu que está en nosotros, movido por Aquel que está en Dios. O el verbo divino o el lenguaje estereotipado. Se trata nada menos que de la supervivencia de Dios en este mundo, ya que, dice el salmo, “las verdades han sido disminuidas por los hijos de los hombres… ”.
Tratemos de precisar el genio de Dios en la Escritura Santa y en consecuencia las características providenciales que confieren a este texto su violencia, su sabor y su potencia insuperables por la mano de hombre. Ciertamente, sabemos por la Fe que está exenta de error, en su versión original, desde la primera hasta la última línea. Pero no está allí su fuerza, es su garantía. No aprecio tampoco a los que elogian sus calidades literarias. Además de que están muy lejos saltar a la vista, (algunos pasajes hasta podrían pasar por ilegibles, los sacerdotes que recitan los salmos me comprenden) se ve mal al Espíritu de Dios hundir en artificios de formas “el esplendor de la verdad” que nos descubre. Sin embargo, y esto no es de ningún modo contradictorio, se puede decir que al Espíritu Santo tiene el genio de la fórmula, pero precisamente por el contrario. ¡“El Deseado de las colinas eternas”! empleada por Jacob para designar al Mesías en la permanencia de la raza real. “Consérvame vuestro espíritu principal” (PS. 50) suspira David que teme que su pescado no le “quite su candelabro de su lugar” (Apoc). O también “aquí haymás que Salomón” el cual, en relación a los lirios de los campos “no se revistió nunca como uno ellos”. (Jesús, por supuesto). Pero quién no ve que la potencia de la fórmula, su incisión, su percusión, pertenecen a la comprensión de una verdad sublime mientras que la belleza del carácter literario desviaría más bien. (Sin perjuicio por otra parte del recurso al genero literario a veces útil al exegeta). “El sembrador salió a sembrar su semilla… ”. Se puede ver ahí, hasta entender, el gesto augusto y repetitivo del sembrador, pero no es fonéticamente bello. ¡Y tanto mejor para la parábola más cincelada y más aristocrática del Salvador! Por otra parte el rey David que sólo escribía cantando bajo la influencia del Espíritu y se encuentra ser el autor de los dos tercios de los 150 salmos ¿no se elogiaba “de ignorar el artificio literario”?
La Escritura es judía, dictada por judíos, para judíos (al principio en todo caso) y toda entera construida para conducirnos al más judío de los hijos de los hombres: Jesús de Nazaret, hijo de David y de Dios. No es porque, venido a los suyos, los suyos no lo recibieron que eso cambia aunque esto sea (para nosotros quienes somos injertos, según San Pablo), a la economía divina de esta historia enteramente judía. ¡Al contrario! Y no basta con pensar que está muy bien así porque después de todo Dios lo quiso. El extraordinario sabor y fuerza de este texto único le viene en primer lugar de este cariz judío, esta mentalidad judía, este estilo judío en el cual es narrada la historia de un pueblo enteramente destinado a acoger el don de Dios. Sólo la divinidad, del creador (antes), del redentor (después) saca la cabeza infinitamente del escenario exclusivamente judío de esta historia de la salvación. Por ello pasaron en el texto las características indispensables para la potencia del mensaje. Se sabe que los judíos (al menos los de entonces) son extranjeros a toda filosofía, inclusive refractarios. No hay que invertir las causas: no es porque que los judíos ya tenían respuestas divinas a las cuestiones filosóficas que se abstuvieron de filosofar; es porque su estructura mental, querida por Dios, era libre de este estorbo que fueron elegidos para suministrar sin el artificio de la ciencia humana, la palabra de Dios. Matiz determinante. Es él el que da este primer genio de la Escritura y por ahí su violencia: el pensamiento allí es siempre de una concreción impactante, desembarazado de todo circunloquio humano. Un ejemplo: si en un lenguaje castigado usted quiere decir sus cuatro verdades a un mentiroso, le dirá que su lenguaje es doble. Pero cuando Dios habla dice “os bilinguae detestor” (Prov.). En buen francés: ¡“tengo en horror la boca a dos lenguas”! Ya se ve la monstruosidad de esta única boca en la cual se agitan dos lenguas de serpiente… y eso le corta el deseo de mentir. A los que se quejarían de las preferencias divinas (como si Dios no tuviera preferencias, ni siquiera cualquier derecho a tener!) a la Escritura les pega “ amé a Jacob y odié a Esaü”. Y los exegetas nos cansan al hacer decir a este texto, con mil precauciones mundanas, que se habría comprendido mal estas palabras al hacerlas decir lo que dicen. “Maldito sea aquél que cuelga del madero” dice el Deuteronomio. ¿Dios puede maldecir a un hombre vivo? ¿Y porque ya esta así cruelmente golpeado? ¿Es El un monstruo? Pregúntele a San Pablo: es con esta frase que él comprendió el misterio insondable de la cruz del Cristo. “Desdichado de mi si no evangelizo” grita el apóstol. Eh sí, un pastor perezoso o pasado al enemigo no encuentra allí su cuenta, se lo concedo.
Siempre en el registro judío, parece, la Escritura Santa no dice las cosas, las martilla. Los libros sapienciales repiten siempre la misma cosa dos veces con palabras diferentes, a lo largo de las páginas. “El hilo doble no rompe y el hermano, sostenido por su hermano, es una fortaleza inexpugnable” (Prov.). Esta capacidad de la imagen fuerte en un lenguaje siempre concreto, repetida de dos (o tres) maneras, reviste una fuerza de persuasión remarcable. Los Evangelios no escapan a esta norma y se puede decir que la palabra del Maestro, es normal, lleva al paroxismo esta constante. La construcción del sermón de la montaña obedece a un esquema repetitivo de una excepcional potencia. “Se les enseñó que fue dicho a los ancianos… y Yo, yo les digo… ”. Así el acoso a Dios en la oración o también la necesidad de estar siempre listos para el encuentro del Señor son ilustrados con tantas sentencias y parábolas que el fuego cruzado de estas doctrinas las hace vinculantes. Las dos narraciones de la creación en el Génesis, los tres Evangelios sinópticos, ídem.
Pues la Escritura no demuestra: ¡Afirma! ¿Dios tiene que demostrar lo que afirma? A parte de San Pablo, tal vez, que se contenta con demostrar afirmando, no se encuentran pruebas. A lo sumo explicaciones del tipo de la de San Pablo demostrando la resurrección de cada cristiano por la del Salvador, su cabeza. De ahí, obviamente, la potencia de autoridad máxima desplegada por la Escritura, a la cual no podría pretender ningún predicador desde los Apóstoles. El Señor aún detenta la marca. Y no solamente por su poder de taumaturgo fuera de par (“Joven, yo te lo ordeno: levántate” “Lázaro: sal fuera”) sino en el establecimiento de las verdades más inadmisibles. ¿Cuándo, al buen medio del discurso sobre el pan de vida, los auditores protestan y murmuran “¿pero cómo este hombre puede darnos a comer su carne? ” la explicación de Jesús no va a complicarse de teología sacramental: “Si no comen la carne del Hijo del hombre, y si no beben su sangre, no tendrán la vida en ustedes”. En cuanto a los que lo haremos: “Yo los resucitaré en el último día”. Se comprende fácilmente la primera reacción a semejantes palabras: ¡“nunca hombre ha hablado así”! Las explicaciones del Señor se limitan más bien a esto: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.
Habría aún mil y una cosas que decir como la rara potencia simbólica del texto consagrado, en las cifras, en las imágenes inagotables. La crudeza de las narraciones, igualmente, en los pecados de los hombres como en sus grandes hechos. A este respecto el Éxodo y los libros de los reyes sobrepasan infinitamente los mejores thrilleres americanos (me dirán, es bastante fácil). Hay por sobre toda esta historia de la salvación, complicada, rebotando, sorprendente pero una y cautivante por la omnipresencia de Dios que siempre es el personaje principal de estas peripecias humanas. ¡Dios! ¡Que es desesperadamente aburrida una historia donde Dios no está! El es el que da consistencia a todo, y no solamente como creador (banal…) sino como protagonista, como referencia, como presencia, como ambiente de la miserable y lamentable anécdota humana cuando el sol se eclipsa. ¡Cuánto yo compadezco a los ateos! Incluso sus grandes pescados, incluso su pequeña rebelión hipócrita no tiene la menor consistencia. ¿Pecar? ¿Pero contra qué? ¿Rebelarse? ¿Pero contra quién?
El siglo XXI deberá reencontrar esta vena divina de la concreción judía o el cristianismo desaparecerá. ¿Deberemos reclamar a los judíos esta violencia de la Escritura que perdimos en el marasmo de nuestras ideologías moribundas? Mala solución: en ellos la mala letra mató el espíritu como entre nosotros el mal espíritu mató la letra. Ya no se avanzaría más. Y ya que la violencia del verbo está casi interrumpida, esto es casi desesperado. Nuestra religión es evidentemente una religión del Verbo y no del Libro como lo repiten a propósito las propagandas mediáticas (“las tres religiones del Libro”: pouah!). Sólo el Islam es una religión del Libro, mismo si los talmudistas han reducido a esto al judaísmo. Incluso entre nosotros, no es la Escritura Santa que nos devolverá la potencia del Verbo: ella no será jamás sino la ilustración más suntuosa, el rastro culminante, “esto de lo cual El es capaz”. Es el Verbo que hizo la Escritura y no la Escritura que hizo al Verbo. Con todo se nos había dicho: “todo fue hecho por El”.
El mimetismo nunca ha producido un buen verbo y copiar la Escritura sólo será un plagió. No veo sino sólo al Espíritu Santo, el dedo de Dios, que pueda sacarnos de este impase mortal del cristianismo que envejece, y de su lengua adormecida. Sólo aquél que la produjo puede volvernos, por fecundación ("in vitro", desgraciadamente, salvo una violación), el fruto de la semilla que El difundió tan abundantemente en la Escritura, último testigo: la violencia del Verbo, por El concebido.
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SUMMORUM PONTIFICUM CURA: Benedicto xVI da Via Libre a Misa Tradicional
El Santo Padre "Decreta que se obedezca lo mandado", por tanto Nadie puede exigir requisitos diferentes, ni a sacerdotes ni a fieles, a los establecidos en el documento Pontificio... AGNUS.
Algunas puntos de relevancia del Motu Proprio:
…habiendo sopesado todos los elementos, invocado el Espíritu Santo... por la presente Carta Apostólica, Apostólica Decretamos LO SIGUIENTE:
Art. 1. ... es lícito celebrar el Sacrificio de
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.
...Art. 3. Si Comunidades o Institutos de Vida Consagrada o Sociedades de Vida Apostólica de derecho pontificio o diocesano desean tener una celebración de
Art. 4. … incluso los fieles..., pueden ser admitidos a
Art. 5, § 1. En parroquias donde un grupo de fieles adheridos a la previa tradición litúrgica existe de manera estable, que el párroco acepte a sus pedidos para la celebración de
§ 2. La celebración … puede realizarse durante los días de semana,... los Domingos y días de fiesta debe haber sólo una de estas...
§ 3. Que el párroco permita celebraciones de esta forma… matrimonios, funerales o celebraciones ocasionales,...
§ 5. En las iglesias que no son ni parroquiales ni conventuales, es el Rector de
…Art. 7. Donde un grupo de fieles laicos,... no obtiene lo que solicita del párroco, debe informar al Obispo …. Al Obispo se le solicita seriamente acceder a su deseo. …
Art. 9, § 1….un párroco puede,... dar permiso para el uso del ritual más antiguo en la administración de los sacramentos del Bautismo, Matrimonio, Penitencia y Unción de los Enfermos, según sugiera el bien de las almas.
§ 2. Se concede a los Ordinarios la facultad de celebrar el sacramento de
Art 10. Es lícito que el Ordinario local, ... erija una parroquia personal ...para las celebraciones según la forma anterior del Rito Romano o nombrar un rector o capellán,
Todo lo que es decretado por Nosotros mediante este Motu Proprio, ordenamos que sea firmado y ratificado para ser observado a partir del 14 de Septiembre de este año,…, pese a todas las cosas en contrario.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de julio en el Año del Señor de 2007, Tercero de nuestro Pontificado. BENEDICTO XVI
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